Reseña: La ciencia moderna y la anarquía


Por @nichtmitmachen

Texto preparatorio para la presentación del libro “La ciencia moderna y la anarquía” de Piotr Kropotkin, editado por La Malatesta. El audio de la charla, junto con la intervención del otro ponente, se puede encontrar aquí.

Introducción
Lo primero quería agradecer a Ciencia para el Pueblo y a La Malatesta la invitación para presentar este libro. Supongo que debería explicar por qué estoy aquí y, supongo que es porque, a parte de considerarme anarquista (aunque “de aquella manera”) participar en la Editorial Klinamen soy investigador científico en el campo de las bioquímica, afortunadamente para mí, en activo.
Lo segundo quería contar una anecdotilla personal sobre Kropotkin. Hasta donde yo recuerdo me hice anarquista con unos 15 años por Kropotkin, leyendo La Conquista del Pan. Por supuesto, imagino que como todo recuerdo será probablemente una exageración, pero sí que se me ha quedado grabada la sensación de “Joder, esto esta guay”. Pero después cuando intenté leer fue Campos, fábricas, talleres y El Apoyo Mutuo fue un auténtico bajón, me resultaron infumables.
Bueno, dicho esto, el libro me ha parecido muy interesante por los motivos que comentaré a continuación y que plantearé para el debate. Sin embargo, pero tengo que decir que personalmente considero que el interés del libro es desde una perspectiva más histórica que política. La versión sobre la que está traducida el libro es de 1913 y el original es de 1903. Es decir, estamos hablando de un libro que tiene 100 o 110 años. Desde entonces, la sociedad, la política y, por supuesto, el anarquismo, han cambiado enormemente. Y aunque, por supuesto, exponga claramente las bases del anarquismo, lo hace desde una perspectiva también claramente decimonónica.

Una base científica para el anarquismo
El objetivo del Kropotkin en el libro es bastante claro: establecer una base científica del anarquismo o, ya que él usa ese término, de la anarquía.
Hay en el libro una tensión que, a priori, parece hasta contradictoria. Por un lado Kropotkin afirma que la anarquía surgió en el seno del pueblo, o que surge del devenir de la vida práctica y a la vez afirma que es
el resultado inevitable del movimiento intelectual de las ciencias naturales (pág 235)
o
una concepción del universo fundada en la interpretación mecánica (cinética) de los fenómenos que comprenden la totalidad de la Naturaleza (pág. 151).
Durante buena parte del libro insiste en que la anarquía debe utilizar el método “inductivo­-deductivo” (el método científico). De hecho, llega a plantear la anarquía como un programa de investigación, con un objetivo definido:
“¿Cuales son las formas sociales que garantizan mejor en tales y cuales sociedades y en la humanidad en general la mayor suma de felicidad, y por tanto, vitalidad?” “¿Qué formas de sociedad son las más aptas para conseguir que esa suma de felicidad se acreciente y desenvuelva, no sólo en cantidad, sino también en calidad, es decir, para que esa felicidad se haga más completa y variada?”
Sobre ese programa de investigación plantea indirectamente una aplicación práctica, una técnica, de dichos conocimientos cuando dice que
“El deseo de ayudar a la evolución en ese sentido es lo que determina la actividad social, científica y artística de los anarquistas.”
Es decir, desde este punto de vista el anarquismo implicaría una investigación basada en el método científico y una práctica (deberíamos decir una “técnica”) política derivada de dicha investigación.
Por otro lado, Kropotkin defiende que existe una tendencia en las sociedades humanas hacia una mayor comunalidad de la producción y, también, hacia una mayor libertad individual, aunque estas tendencia no sean continuas (existe “regresiones”). Por supuesto, Kropotkin también asume que hay otras fuerzas/personas que trabajan en contra.
Creo que esta idea es una extensión clara de su trabajo en el campo de la teoría evolutiva, aunque, hasta donde yo he leído en el libro, se abstenga de decirlo claramente. Como supongo que todos sabréis, Kropotkin es famoso por haber escrito El Apoyo Mutuo. Un factor en la evolución en la que intentó demostrar que la cooperación intraespecífica es un factor evolutivo tan importante, si no más, que la competición entre individuos.
Igualmente es imposible desligar esta idea del contexto social y político del siglo XIX, el positivismo, el cientificismo y la búsqueda de tendencias, que también compartieron muchos marxistas y que tan criticados (por determinismo, por ejemplo) por muchos anarquistas.
Creo que, por tanto, la clave de lo que algunos llaman el “anarquismo científico” de Kropotkin es intentar esclarecer, usando el método científico, esa tendencia cooperativa innata de las sociedades humanas con el objetivo de favorecer y acelerar su desarrollo.
Es interesante mencionar aquí que Malatesta, en 1925, trató la pretensión de Kropotkin de “absurda”, “errónea” y “dañina”, aunque, en mi opinión, Malatesta estira mucho la postura de Kropotkin hasta convertirla en un mecanicismo extremo que es más un hombre de paja que otra cosa.
¿Y qué queda de esto ahora? ¿Tiene sentido el proyecto de Kropotkin en el siglo XXI?
En primer lugar, al plantearme esta pregunta leyendo el libro me he dado cuenta que quizás no soy el más adecuado para responderla, ya que, aunque como científico algo de ciencia conozco, seguramente sea una pregunta sería mucho mejor respondida si implicase a filósofos y sociólogos de la ciencia, así como un conjunto multidisciplinar de investigadores. Dicho esto, aquí va mi aportación.


Tendencias
En lo que respecta a las tendencias, soy bastante escéptico a que exista una tendencia social o biológica a nada, más allá, posiblemente, de las leyes de la termodinámica. Por ejemplo, la evolución es en general un proceso sin tendencias inmanentes ni direccionalidad a largo plazo. Las fuerzas evolutivas como la deriva génica no la tienen porque implican la imposición aleatoria en la población de determinados alelos. Y la selección natural, que sí tiene una cierta direccionalidad, es siempre “corta­de­miras” actuando en función de condiciones ambientales con las que los propios sujetos biológicos interactúan muchas veces. La existencia de tendencias biológicas (a la complejidad, a la cooperación, a la competición) es algo muy discutible y suele ser resultado de sesgos. Igualmente intuyo que debe pasar en las sociedades humanas. Aunque, por supuesto, existirán tendencias que tengan lugar durante mucho tiempo, probablemente se deban a condiciones históricas concretas y transitorias, como el capitalismo, más que a tendencias innatas inmanentes al hecho de la socialidad, independientemente de cómo se configure esta concretamente (las relaciones sociales de producción y reproducción de la vida).
Más aún, salvo que tuviésemos una verdadera certeza de una tendencia, algo que considero bastante improbable, probablemente deberíamos actuar operativamente como si dicha tendencia no existiese. Aquí siempre saco una frase de Walter Benjamin. “Nada ha dañado tanto a la clase obrera alemana como pensar que nadaba a favor de la corriente (de la historia)”.

El método científico
Vayamos a otro paso. ¿Es posible utilizar el método científico, o inductivo­deductivo como lo llama Kropotkin en el libro, para la acción política? Mi respuesta es sí, PERO. Me explico.
En mi opinión el método científico es una una derivación refinada y puesta a punto de uno de los diferentes modos innatos de interaccionar y conocer la realidad que tenemos los seres humanos. ¿Por qué hay que refinar y poner a punto? Pues, por ejemplo, por que existe una cosa llamada “apofenia” que es la tendencia innata que tenemos los humanos a observar patrones donde sólo existe ruido aleatorio. Contra cosas como esta es por lo que se desarrolla el método científico.
Es bastante claro que este refinamiento y puesta a punto se debe en gran parte al desarrollo capitalista que, además, ha convertido al método científico en la racionalidad hegemónica, y la “mejor”, frente a otros modos de conocimiento. La Escuela de Frankfurt, mi querido Adorno (#LOL), ha advertido de los riesgos de que la racionalidad científico-­técnica se convierta en dominante. Tengo la intuición de que en este proceso de hegemonización ligado al capitalismo es probable que el método científico adoptase una forma concreta determinada y no otra. Personalmente, creo que la cuestión de si otra forma de sociedad daría lugar a otro método científico es tan interesante como compleja y que escapa a este debate.
Desde este punto de vista, quiero pensar que cuando hacemos política, cuando analizamos la realidad para intervenir en ella intentamos aplicar algo parecido en mayor o menor medida (aunque también usamos otros modos de conocimiento).
Ahora bien, creo que el método científico, a pesar de ser un método muy potente para conocer la realidad o, al menos, ciertos aspectos de ella también está lleno de trampas, tiene muchas limitaciones y mal aplicado puede dar lugar a errores importantes. Y aquí sí que tiro de mi (breve) experiencia como científico. A diferencia de lo que algunos autodenominados “escépticos” afirman, la ciencia, incluso sin tener en cuenta todos sus condicionamientos sociales, es decir considerando una supuesta e inexistente ciencia “pura”, es una actividad complicada. Dicho de otro modo: es muy difícil demostrar las cosas (algo que la estructura social actual en la que tiene lugar la ciencia, por cierto, complica aún más). Por ejemplo, uno de los hot topics actuales en ciencia es lo que llaman la “crisis de reproducibilidad”, es decir, que muchos de los resultados que se obtienen y publican no se replican. Son falsos positivos. Y eso no es porque sean fraudes, sino que tenemos un problema (en parte debido a la estructura social de la ciencia, pero no sólo) con las herramientas estadísticas que utilizamos para conocer según que tipos de datos.
Mi opinión es que aplicar el método científico en/para un programa de transformación social en sentido emancipatorio, probablemente sea interesante o necesario, pero no va a ser para nada trivial tal y como parece deducirse del texto de Kropotkin. Tampoco podemos culparle, porque muchos de estos problemas eran desconocidos en su época.
En primer lugar, y podemos entrar en ello más tarde, está el tema de los expertos y las capacidades humanas innatas (moduladas siempre por el ambiente) (me refiero a quién es mejor en matemáticas, intuición, empatía, etc) y como gestionas eso en un proyecto, como el anarquismo, que se reclama horizontal, que muchas veces asume implícitamente un modelo muy naïf de tabula rasa.
En segundo lugar está el hecho de que el resultado del método científico no siempre es el que tu quieras.
Pongo un ejemplo curioso pero no muy complicado: la toma de decisiones y la organización asamblearia versus “que mande uno”. Yo, que me considero anarquista, creo que la toma de decisiones de forma asamblearia y horizontal es, en promedio, lo mejor. Pero estoy seguro de que existen situaciones en las que seguramente siempre sea deficitaria, por ejemplo, en general suele ser un proceso más lento a que uno sólo tome una decisión. En un conjunto de problemas en que sea mejor tomar una mala decisión rápida que una decisión buena mejor, la asamblea no sería lo mejor. Ahora bien, qué es “mejor”. ¿Qué criterios elegimos cómo mejor o peor? Y es más, ¿es posible determinar de antemano si el problema al que nos enfrentamos es de los que favorece la forma asamblearia u otra? ¿Cómo podemos estudiar esto? etc, etc. Existen muchos casos en los que hacer experimentos aleatorizados (en ciencia, el tipo de estudio que da una evidencia de mayor calidad) es simplemente imposible. Cuando hablamos de aplicar el método científico a un problema hablamos de esto. De definir una cuestión, de cómo vamos a medir esa cuestión, de diseñar un estudio, de recoger datos, de tener en cuenta variables confusoras, etc.

Naturalezas
Esto me lleva a otro problema, y es que aunque haya dicho que no crea que existan tendencias innatas en biología o a las sociedades humanas, esto no quiere decir que no pueda porque exista una determinada “naturaleza humana” (aunque desde luego muy maleable) o, mejor dicho, un conjunto de “naturalezas humanas”. Los seres humanos somos animales, somos seres biológicos resultado de un proceso de evolución biológica de millones de años y, como tales, estamos sometidos a condicionantes biológicos, genéticos, etc. Por supuesto, siempre en interacción, generalmente no trivial con la sociedad y el medio ambiente.
Teniendo esto en cuenta puedo poner un ejemplo más jodido de relación entre ciencia y anarquismo ¿Se debe estudiar la variación poblacional, sexual, etc de aptitudes como la altura? Los hombres son más altos que la mujeres. Es un hecho estadístico. ¿y si hablo de una determinada aptitud mental como la inteligencia o la velocidad mental? Por supuesto, la importancia de esas aptitudes viene determinada por un contexto social. A mi me gusta mucho una frase de Silvia Federici que dice:
Tal como yo lo veo, las diferencias no son el problema, el problema es la jerarquía. La jerarquía hace que las diferencias se vuelvan una fuente de discriminación, de devaluación y de subordinación.
No hay problema en mirar diferencias de altura porque nadie piensa que los altos deben gobernar a los bajos, o viceversa, pero cuando miramos inteligencia (o determinadas características asociadas a ella), la cosa cambia porque socialmente sí que hay un “sentido común” que dice quién debe gobernar (recordad eso de “el gobierno de los mejor preparados”). Pero científicamente, a parte de los problemas metodológicos de cómo medir la altura (relativamente trivial) frente a cómo medir la inteligencia, o diagnosticar esquizofrenia y depresión, para nada triviales y mucho más socialmente mediados, digamos que la estadística es la misma.


Interpretaciones
A todo esto hay que sumarle, además, que los hechos científicos no tienen lugar en el limbo, sino que su interpretación es social. Un ejemplo clásico es la base biológica (genética u hormonal) de la homosexualidad. Supongamos que existe un un conjunto de variantes biológicas que aumentan la probabilidad de ser homosexual. Supongamos que podemos determinar su existencia e incluso cuales son. ¿Qué implicaciones tiene esto? Mucha gente está en contra de investigarlo porque teme que esto puede llevar a que se considere una enfermedad o incluso a prácticas eugenésicas. Pero otra gente está a favor porque considera que esa existencia lo naturaliza (como cuando se dice “homosexualidad hay en todas especies, homofobia sólo en una” algo que, por cierto, no sé si es cierto, ni me importa) y de alguna forma lo justifica, lo hace “natural”. Pero aquí no hablamos de ciencia, de estadística o de biología, hablamos de qué consideramos una enfermedad o qué valor intrínseco le damos a “lo natural”. Hasta donde yo sé, al menos en Estados Unidos, la comunidad gay ha pasado de estar más a favor de la primera posición a ser más preponderante la segunda.

Una idea
Mi opinión es que prácticamente todas las cualidades humanas individuales y colectivas, lo bueno y lo malo, tienen condicionantes sociales y biológicos que interaccionan de forma no trivial. Eso incluye comportamientos o aptitudes que, como anarquistas, consideramos “buenos” o “deseables” en una sociedad emancipada: la cooperación, la empatía, compartir, la amabilidad, rebelarse contra las injusticias… pero también incluye a todos los que consideramos “malos” o “indeseables”: la violencia, el machismo, ser un cabrón, no compartir, la indolencia, etc.
Tiendo a pensar que lo que denominamos anarquía o comunismo es una proyección utópica en la que determinadas tendencias y comportamientos sociales actuales, que se presentan de forma “impura”, parcial, incompleta o sólo en determinados contextos, son hegemónicos en la gran mayoría de los ámbitos de la vida. Esto es, por ejemplo, el significado de la divisa “fraternidad” como lema revolucionario. Que todos los seres humanos se comporten como hermanos, es decir, que ciertos comportamientos que actualmente son mayoritarios en una determinada situación de parentesco (y que, no son continuos, sino parciales. Todos conocemos casos de hermanos que no se pueden ni ver o cómo se pican los hermanos entre sí cuando son pequeños) se extienda a toda la humanidad.
Para mí, de ninguna manera, y esto lo subrayo mucho, esto implica una tendencia natural hacia la anarquía, ya que lo mismo podría aplicarse al fascismo, el capitalismo e incluso a la situación de dominación más infernal que podría imaginar (no sé, algo como Saló, Los 120 días de Sodoma de Pasolini o La Carretera de Cormac McCarthy), situaciones en las que determinados comportamientos humanos son hegemónicos.
Existen disciplinas científicas como la teoría de juegos, la teoría de juegos evolutiva, la economía conductual, la psicología, etc. que estudian los determinantes sociales (y/o biológicos) de determinados comportamientos, y que por tanto podrían sernos de nuestro interés una vez eliminada toda la ideología que tienen imbricada, si es que eso es posible. Tanto los métodos y modelos como algunos de los conocimientos que obtienen. Por ej: el caso de los bienes comunes, en el que se sabe que los grupos pequeños o la escasez del bien tiende a favorecer la cooperación.
¿Debe el anarquismo aprovecharse de dichos conocimientos, o incluso desarrollar algunos nuevos, y usarlos en su beneficio? Pues podría ser, PERO. Es decir, sí, siempre y cuando nos los apropiemos y nos lo planteemos de una forma crítica y rigurosa, y teniendo en cuenta todos los problemas y limitaciones que tiene el método científico en sí como en su interacción con el medio social: sea este el capitalismo o el movimiento libertario. Si lo que buscamos es darle un sello de científico a lo que en realidad son ideas preconcebidas o juicios éticos sobre cómo debe ser el mundo lo que estaremos haciendo es marketing cientificista barato como el que hacen las marcas de cosméticos.
 
Enlaces relacionados / Fuente:

Reseña: La raíz es el hombre. Radicales contra progresistas

José Ardillo

« Se puede ser comunista y tener un iPhone », esto es lo que declaraba recientemente el secretario de Izquierda Unida, Alberto Garzón a la prensa, en medio de su campaña de propaganda, en este año en el que se cumple un siglo de la revolución rusa. Y concluía diciendo : « El marxismo no es la llave que abre todas las puertas, sino una luz que nos permite entender mejor la realidad. » Pero, sin duda, Garzón equivocó su enunciado, lo que quería decir es que solo teniendo un iPhone se puede ser comunista y, desde luego, para entender eso no nos bastará leer a Marx, sino más bien leer este excelente libro La raíz es el hombre de MacDonald, traducido y editado por el Salmón. Una buena iniciativa que coincide con el rescate que se hace hoy en Francia, siempre en un sector minoritario por desgracia, del legado de este original y radical pensador...

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Novedad editorial: Palabras de un rebelde


de Piotr Kropotkin

En el seno de todas las sociedades hay épocas en las que la revolución se convierte en una imperiosa necesidad, que se impone de manera absoluta. Nuevas ideas germinan por todas partes, buscan hacerse realidad y encontrar su aplicación en la vida real. Chocando constantemente con la inercia de aquellos que tienen interés en mantener el régimen actual, ahogándose en la sofocante atmósfera de los prejuicios y las tradiciones. Las ideas que nos han trasmitido sobre la constitución de los Estados, sobre las leyes sociales, sobre las relaciones económicas y políticas entre las personas, no se sostienen ya ante el análisis critico. Las instituciones políticas, económicas y sociales están en ruinas; el edificio que las alberga es inhabitable e impide que las ideas que germinan en sus huecos y agrietados muros se desarrollen. Hora es de derribarlo. Publicamos por primera la versión íntegra de Palabras de un rebelde, continuación de La conquista del pan. Incluye el prólogo original de Élisée Reclus, responsable de la selección de textos periodísticos de Kropotkin, que hasta ahora había sido ignorado.

LaMalatesta Editorial, Madrid 2017
274 págs. Rústica 20x13 cm
ISBN 9788494171277
10€
http://www.lamalatesta.net/product_info.php/products_id/59530

Novedad editorial: La ley del número, de Ricardo Mella



Tenemos nueva publicación en LaMalatesta.

Como una ley del número se nos impone que unas personas elegidas por una mayoría de la población pueden legislar sobre todos los aspectos de nuestras vidas imponiendo sus decisiones a todas, incluidas a aquellas que no les votaron. Como una ley del número nos venden que sus decisiones son en nombre de la mayoría cuando en realidad solo actúan en beneficio de los intereses particulares de minorías y élites económicas. Como una ley del número nos machacan reiteradamente con que la población solo puede expresar sus deseos mediante el voto. Como una ley del número pretenden hacernos creer que la libre asociación entre personas no es posible.

Contra esta Ley del número escribe Mella. Contra ese monstruo electoral y legislativo que pretende poseerlo todo.

Ricardo Mella, uno de los principales y más lúcidos pensadores libertarios, intenta mostrar que una sociedad donde el apoyo mutuo y la libertad individual sean la base, es posible.

LaMalatesta Editorial, Madrid 2017
80 págs. Rústica 18x13 cm
ISBN 9788494171260
http://www.lamalatesta.net/product_info.php/products_id/59506

viernes 24 febrero, 19:30h. Luchaban por un mundo nuevo


Luchaban por un mundo nuevo
Lucía Sánchez Saornil y Sara Berenguer Laosa, militancia anarquista durante la Guerra Civil Española.

Charla presentación del libro con Yanira Hermida, su autora.
Ser mujer y pertenecer al movimiento libertario te garantiza un espacio vacío en la Historia de los grandes volúmenes académicos, te releva al silencio de la ciencia heteropatriarcal que busca en el pasado aquellos procesos y hechos que dan sentido a la trayectoria del capital. Estas páginas nacieron de la búsqueda de la genealogía de las mujeres revolucionarias, aquellas que vivieron la revolución tras el levantamiento fascista del 18 de julio del 36, pero también de aquellas cuya existencia era por sí revolucionaria en una sociedad dónde las mujeres comenzaban a luchar por su autonomía vital y por su libertad personal.
¿Cuáles eran sus puntos de partida? ¿Cómo afrontaban las complicaciones de simbolizar el arquetipo de mujer proletaria? ¿Qué contradicciones se gestaron entre sus discursos y sus experiencias vitales?
Con tan ambiciosos interrogantes se pone en marcha este texto que recoge la trayectoria vital de dos mujeres que encarnaron en sus actos su compromiso con la Revolución Social y su búsqueda de un nuevo mundo en el que conceptos como Libertad, Justicia e Igualdad fueran una realidad palpable y no una entelequia.
Descontrol Editorial, Barcelona 2015
144 págs. Rústica 20x13 cm
ISBN 9788416553402

en LaMalatesta, c/Jesús y María, 24 de Madrid

viernes 17 febrero. Maquis libertario y guerrilla antifranquista. Charla-coloquio


Ofensiva contra el olvido. 

"El Maquis en los barrios de Madrid. Cuatro Caminos guerrillero" 
Luis de la Cruz (historiador)

"La guerrilla antifranquista y el Maquis libertario" 
Chowy (autor del blog "Ni Cautivos, Ni Desarmados")

19h.


viernes 10 febrero, 19:30h. Las dinámicas de la Resistencia Civil. Charla-presentación del libro


Con Jesús Castañar Pérez, su autor.

Las dinámicas de la Resistencia Civil.Un modelo de estudio histórico y estratégico de los movimientos noviolentos.
Ediciones Revolussia, Cáceres 2017. 420 págs. PVP: 17€. ISBN: 978-84-946524-1-7

Este libro, fruto de largos años de investigación, pretende responder a la pregunta ¿Cómo funciona la acción noviolenta? ¿Por qué unos movimientos de resistencia civil fracasan y otros triunfan? ¿Qué pautas ha de seguir un movimiento para tener éxito? En sus páginas se recogen las principales aportaciones   al   estudio   de  los   movimientos noviolentos  tanto de  las  teorías  estratégicas de  la   acción  noviolenta  como de  las  teorías  académicas de  los  movimientos  sociales. De esta manera se propone una nueva síntesis  que   supera   algunos   de   los  problemas más notorios de aquellas. Se revisa con igual rigurosidad la concepción de  los  mecanismos  que afectan al  éxito  de la  acción noviolenta por parte de Gandhi o  Gene Sharp,  entre otros,  y  se  propone una teoría  coherente  con  las  aportaciones  de la psicología cognitiva y  la sociología del poder (desde Foucault, Bourdieu, Galbraith o Habermas  a  Galtung o la teoría feminista). Esto lleva a un enfoque tridimensional que entiende que el poder y la acción social se pueden interpretar desde tres racionalidades distintas: instrumental, comunicativa y compensatoria. Esto lleva  a proponer una visión de la acción noviolenta como  un proceso de empoderamiento colectivo en el que se han de evitar enfoques orientados al mero cambio político para conseguir cambios  estructurales y sociales de mayor transcendencia.

A lo largo de  estas páginas se construye por tanto un modelo analítico de carácter triangular que tiene en cuenta las perspectivas de tres tipos de actores sociales: el actor noviolento, el oponente y los que forman parte del entorno. Este modelo,  a su vez, se testa con el estudio de movimientos noviolentos en situaciones extremas (conflicto armado, ocupación militar, discriminación étnica o religiosa), como son el movimiento autonomista tamil en Ceilán de los años 50-60, y el movimiento indígena del Cauca colombiano, desde los 60 hasta la actualidad. El análisis de sus aparentes contradicciones lleva a proponer una serie de fases de tipo estratégico pensadas para organizar  la acción política transformadora. Estas son: preparación, resistencia, expansión, asalto y conciliación.

Así mismo, este libro sirve de introducción a estudios monográficos sobre estos movimientos noviolentos y otros que se publicarán en breve, así como próximos  cuadernos  para talleres y entrenamientos en acción noviolenta basados en estas conclusiones teóricas. Es, por tanto, una obra indispensable para cualquier persona interesada en cómo funciona el mundo y cómo cambiarlo.

 http://www.jesuscastanar.zamarrismo.net/publicaciones/drc/drc.htm