DOMINGO 15 septiembre.12h. Charla-presentación "Autobiografía de Manuel Martínez"

Autobiografía de Manuel Martínez

Autobiografía de Manuel Martínez
Eduardo Romero.


«Manuel Martínez es un personaje excepcional con una vida trepidante en la que el “rebelde primitivo” y el militante anarquista se suceden como el gusano y la mariposa en una crisálida».—Santiago Alba Rico
La vida de Manuel Martínez (Madrid, 1951) puede leerse como la historia subterránea de toda una generación de inadaptados sociales; jóvenes de barrio que se enfrentaron a una maquinaria represiva que no se detuvo con la muerte del dictador. Su peripecia vital puede leerse como una contrahistoria de la España —de esa España salvaje— de la segunda mitad del siglo xx, que pasó del tardofranquismo a una democracia de consumidores.
Manuel entrará en el talego como un chorizo, como un quinqui de barrio, como uno más de los miles que sufrieron la aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes —más tarde de Peligrosidad Social—, y saldrá de prisión convertido en un expropiador.
Ni es este otro libro carcelario ni la historia de Manuel Martínez es la historia de un héroe (en ocasiones es más bien la de un antihéroe). Es la narración de la vida en las barriadas madrileñas antes y durante el desarrollismo franquista, de la reclusión de Manuel durante década y media en todo tipo de instituciones de encierro y de su participación en la Coordinadora de Presos en Lucha (copel).
Este testimonio es, además, la historia de las madres que no podían atender a sus hijos porque trabajaban de internas, de esas mujeres que se convertirían en «madres de presos» y que se organizarían antes que ellos para luchar por sus derechos. Es la historia de la migración interna y de la urbanización vertiginosa, de los barrios de chabolas y de los bloques de viviendas, de los hippies y de los yonquis, de la vida «deprisa, deprisa». La historia, también, del exilio, pues Manuel Martínez tendrá que marchar a América Latina, donde, sobre todo en Brasil, vivirá algunos de los momentos más felices de su vida en una pequeña comunidad de fugados de España y Portugal.

Pepitas de calabaza ed., Colección Vidas, 18. Logroño 2019
128 págs. Rústica 21x15 cm
ISBN 9788417386283
http://www.lamalatesta.net/product_info.php/products_id/60490


en  LaMalatesta - librería/editorial libertaria
calle Jesús y María , 24. Madrid

viernes 13 septiembre, 19h. Lectura y debate: "De Dios" de Agustín García Calvo


Se trata de dejar que lo que quede en nosotros de razón y de sentimiento hable (y así, obre) contra la Fe, que es el fundamento del Poder y la Realidad. Saliendo al paso a las equivocaciones, con que Dios induce en muchos la ilusión de que han dejado de creer en Dios, por cambios de su nombre, llegándose a llamar `el Hombre', o, en fin, `Dinero', se ataca la cuestión de Su existencia o realidad; después, la de Su unicidad (y trinidad), que implica también Su masculinidad; y luego se recorren Sus atributos según el catecismo, 'Todopoderoso', 'Justo', 'Omnisciente' o 'Sabelotodo', 'Infinitamente bueno', perdiéndose ahí el razonamiento en una llamada a lo desconocido, a lo que hay y no se sabe.

en LaMalatesta, c/Jesús y María, 24 de Madrid

Exposición «la anarquía»


Tras los fastos electorales donde tantas cosas «importantes» se dirimen cómo el futuro del país, la economía o el futuro profesional de diputadxs, senadores y alcaldes(as) desde el Grupo Anarquista Apoyo Mutuo nos proponemos hacer una exposición temática acerca de todo lo contrario a ese circo: la Anarquía. Será una exposición sobre aquellos asuntos que nos importan a todas aquellas que, de una forma u otra, nos declaramos anarquistas: la asamblea, la autogestión, el apoyo mutuo, desarme (la paz), feminismos, internacionalismo, cultura libertaria, internacionalismo…todo ello contado desde el prisma de nuestras ideas. Pretendemos que, esta vez, en vez de declarar todo aquello que no nos gusta y contra lo que luchamos, nos apetece descubrir toda la vida que impregna nuestras ideas.
Os invitamos a participar, si queréis, con alguna obra o similar que tenga soporte físico y sea poco frágil (es para exponer al público ). Puede ser desde una frase icónica, un alegato inspirador, fotografía, dibujo…lo que os parezca adecuado.
La exposición nos gustaría que fuera itinerante (empezando en la librería LaMalatesta) por distintos centros sociales de Madrid (que sean cercanos a nuestras ideas, obvio) , por lo que las obras deberían ser relativamente fáciles de transportar de un sitio a otro sin sufrir daños.
El plazo para recepcionar las obras lo hemos fijado desde ya mismo hasta el 15 de Septiembre y la exposición permanecerá en LaMalatesta a partir del la semana siguiente a la fecha límite de la recepción (seguramente en el fin de semana del 22 de Septiembre).
Una última cosa, necesitaremos una dirección de contacto (o teléfono) con los creadores de las obras que se envíen.
Sin más, un fuerte abrazo libertario
Gaam
http://apoyomutuo.org/evento/exposicion-la-anarquia/

[Novedad] El otoño de Kropotkin. Entre guerras y revoluciones (1905-1921)


Jordi Maíz Chacón

Prólogo de Carlos Taibo
Introducción de Frank Mintz

El presente texto analiza la vida y la obra de Piotr A. Kropotkin en sus años finales. El gran hijo de Rusia, tal y como lo calificó Emma Goldman, tuvo una presencia fundamental en el desarrollo del pensamiento anarquista tanto en Rusia como en otros lugares.

Su imponente obra no se libró de las controvertidas posturas y análisis que el viejo anarquista realizó sobre la Primera Guerra Mundial o sobre las revoluciones rusas.
El otoño de Kropotkin nos acerca a momentos finales de su vida en los que reflexiona sobre el papel del anarquismo en la revolución rusa y a esa época tan emocionante como vertiginosa.
Una oportunidad de visualizar los círculos libertarios del exilio ruso y la evolución del ideario del anarquista desde 1905 hasta su muerte en 1921 en la localidad de Dmitrov.

LaMalatesta Editorial, 2018
215 pp ; 20,5 x 12,5 cm
ISBN: 978-84-947856-1-0
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[Novedad] Mujeres que se opusieron a la primera guerra mundial


En las conmemoraciones por los 100 años de la I Guerra Mundial que empezaron en 2014, hubo muchas publicaciones dedicadas a la Guerra, sus orígenes, desarrollo, consecuencias y efectos sobre la población y las nuevas fronteras.

En un momento de la historia moderna en el que había iniciativas y esperanzas de eliminación de fronteras, surgieron voces que veían que la Guerra que se preparaba iba a separar y a enemistar a las poblaciones y, tanto la misma guerra como sus consecuencias, iban a afectar a todos los ámbitos sociales de forma catastrófica.

En el mar de publicaciones que ha generado el centenario, fueron mínimas y pobres las referencias que encontramos a la oposición a la guerra, pero nos parecieron sólo la punta del iceberg. Desde el inicio de nuestra búsqueda los hallazgos fueron numerosos y muy valiosos. Nos parecían planteamientos y análisis tan actuales que muchos de ellos podían ser una referencia para nuestro trabajo contra las guerras en el siglo XXI: las causas y orígenes de la guerra; cómo los poderes crearon enemigos entre iguales; qué suponía para la población civil y para el ecosistema; las vidas humanas que se llevaba, tanto en hombres movilizados como de población civil, y los recursos interminables que necesitaba; la denuncia de los nuevos armamentos; la persecución de los distintos gobiernos a las personas que se oponían a ella; las actividades como feministas contra la guerra...

La vigencia de todos estos planteamientos y la determinación con la que se enfrentaron a la guerra, con graves consecuencias personales, nos impulsó a rescatar del olvido y a homenajear a esas mujeres que nos precedieron y es lo que hacemos en este libro. Ha sido nuestro reto intentar reunir en un solo texto sus nombres, sus vidas, sus aportaciones al feminismo y al pacifismo, aunque de manera muy resumida, y difundirlo para que se conozca.

También encontramos iniciativas importantes y diversas dadas desde la sociedad civil, tanto de forma colectiva como individual, y no sólo en el ámbito académico. Pensamos que estas organizaciones pudieron ser las primeras que se formaron para trabajar de forma conjunta, programada y saltando fronteras contra las guerras.

Además de los esbozos de biografías de mujeres de varios países, la mayoría en guerra, hemos incluido a algunas organizaciones, publicaciones y congresos que se hicieron contra el enfrentamiento y para intentar que la Paz de Versalles, que puso fin a la Gran Guerra, fuera una paz real y no el origen de un nuevo conflicto.

Sabemos que hay muchas más biografías de mujeres que no se reflejan en el libro, muchas más historias que recuperar porque reflejan la vida y el trabajo olvidado de quienes nos precedieron en el pacifismo y antimilitarismo. Se vuelve imprescindible rescatar el pensamiento de oposición a la guerra -o a las guerras- que ha quedado fuera de las instituciones de enseñanza a pesar de que también es Historia. Este aprendizaje ayudaría a desmilitarizar las mentes y a interiorizar el significado de las guerras para el conjunto de la Humanidad. Nos ayudaría a asumir la responsabilidad de no dejar en manos de los Estados o de instituciones como la ONU el derecho a declararlas, a prepararlas, a ejecutarlas en nuestro nombre y con nuestros recursos.

Y es el mejor homenaje que podemos hacer a todas Las Mujeres que se opusieron a la Primera Guerra Mundial, en particular, y en general a todas las guerras.

Mujeres de Negro contra la guerra, Madrid
LaMalatesta Editorial, 2018
Páginas 155. Precio 5€
http://www.lamalatesta.net/product_info.php/products_id/60007


[Novedad editorial] La bala y la palabra. Francisco Ascaso (1901-1936)

Vida accidental de un anarquista

Luís Antonio Palacio Pilacés y Kike García Francés

Francisco Ascaso, sin ningún género de dudas, una de las más renombradas, y, a la vez, menos conocidas figuras del universo libertario ibérico.
La información sobre su apasionante y desconocida vida siempre ha estado reducida a los escasos y contradictorios datos que pueden entresacarse de las autobiografías raramente objetivas de sus compañeros de militancia.
Entró en contacto con el poderoso ideario ácrata en la ciudad de Zaragoza, donde fue encarcelado injustamente durante dos años por el asesinato de un periodista en el que no tuvo ninguna participación.
Una vez en libertad se tomó la revancha cuando, ya formando en las filas de Los Solidarios, acabó con la vida del cardenal Juan Soldevila, bastión de las posturas ultraconservadoras en el seno de la Iglesia española.
Detenido al cabo de pocos días se fugó de la cárcel y buscó refugio en Francia, país desde el que, junto a Durruti y otros compañeros, atravesó el Atlántico para emprender un increíble periplo que a través de media América les llevaría desde Cuba hasta Argentina, actuando por un igual como agitadores de masas o como expropiadores de bancos.
De vuelta a Francia, un intento fallido para acabar con la vida de Alfonso XIII les llevó a dar con sus huesos en Bruselas, deportados por las autoridades galas tras un tortuoso proceso judicial que no pudo imponerse a una impresionante campaña internacional de apoyo. Francisco regresó a la nueva España republicana convertido en una figura política de primer orden y durante esos años compaginó su trabajo en el grupo Nosotros con su cargo de secretario general del Comité Regional de Cataluña de la CNT.
Su faceta pública nunca le impulsó a renunciar a su papel como hombre de acción y no dudó en implicarse a fondo en las insurrecciones de enero y diciembre de 1933. Las autoridades no perdonaron su presente ni olvidaron su pasado, por lo que fue víctima de torturas, cárcel y hasta deportación en las colonias africanas.
Murió el 20 de julio de 1936 cuando luchaba al frente del pueblo en armas ante el cuartel de Atarazanas, el último obstáculo que le separaba de la victoria y del inicio de la Revolución por la que tanto había entregado desde su primera juventud. Este trabajo, primera monografía extensa sobre la formidable aventura de su vida, saca a la luz nuevos detalles en torno a su figura, resuelve algunas contradicciones historiográficas y arroja luz sobre una personalidad digna del mejor guión cinematrográfico.

LaMalatesta Editorial, Madrid 10/2017.
454 págs. Rústica, 21×15 cm.
ISBN: 9788494171291
http://www.lamalatesta.net/product_info.php/products_id/59779



Reseña: La ciencia moderna y la anarquía


Por @nichtmitmachen

Texto preparatorio para la presentación del libro “La ciencia moderna y la anarquía” de Piotr Kropotkin, editado por La Malatesta. El audio de la charla, junto con la intervención del otro ponente, se puede encontrar aquí.

Introducción
Lo primero quería agradecer a Ciencia para el Pueblo y a La Malatesta la invitación para presentar este libro. Supongo que debería explicar por qué estoy aquí y, supongo que es porque, a parte de considerarme anarquista (aunque “de aquella manera”) participar en la Editorial Klinamen soy investigador científico en el campo de las bioquímica, afortunadamente para mí, en activo.
Lo segundo quería contar una anecdotilla personal sobre Kropotkin. Hasta donde yo recuerdo me hice anarquista con unos 15 años por Kropotkin, leyendo La Conquista del Pan. Por supuesto, imagino que como todo recuerdo será probablemente una exageración, pero sí que se me ha quedado grabada la sensación de “Joder, esto esta guay”. Pero después cuando intenté leer fue Campos, fábricas, talleres y El Apoyo Mutuo fue un auténtico bajón, me resultaron infumables.
Bueno, dicho esto, el libro me ha parecido muy interesante por los motivos que comentaré a continuación y que plantearé para el debate. Sin embargo, pero tengo que decir que personalmente considero que el interés del libro es desde una perspectiva más histórica que política. La versión sobre la que está traducida el libro es de 1913 y el original es de 1903. Es decir, estamos hablando de un libro que tiene 100 o 110 años. Desde entonces, la sociedad, la política y, por supuesto, el anarquismo, han cambiado enormemente. Y aunque, por supuesto, exponga claramente las bases del anarquismo, lo hace desde una perspectiva también claramente decimonónica.

Una base científica para el anarquismo
El objetivo del Kropotkin en el libro es bastante claro: establecer una base científica del anarquismo o, ya que él usa ese término, de la anarquía.
Hay en el libro una tensión que, a priori, parece hasta contradictoria. Por un lado Kropotkin afirma que la anarquía surgió en el seno del pueblo, o que surge del devenir de la vida práctica y a la vez afirma que es
el resultado inevitable del movimiento intelectual de las ciencias naturales (pág 235)
o
una concepción del universo fundada en la interpretación mecánica (cinética) de los fenómenos que comprenden la totalidad de la Naturaleza (pág. 151).
Durante buena parte del libro insiste en que la anarquía debe utilizar el método “inductivo­-deductivo” (el método científico). De hecho, llega a plantear la anarquía como un programa de investigación, con un objetivo definido:
“¿Cuales son las formas sociales que garantizan mejor en tales y cuales sociedades y en la humanidad en general la mayor suma de felicidad, y por tanto, vitalidad?” “¿Qué formas de sociedad son las más aptas para conseguir que esa suma de felicidad se acreciente y desenvuelva, no sólo en cantidad, sino también en calidad, es decir, para que esa felicidad se haga más completa y variada?”
Sobre ese programa de investigación plantea indirectamente una aplicación práctica, una técnica, de dichos conocimientos cuando dice que
“El deseo de ayudar a la evolución en ese sentido es lo que determina la actividad social, científica y artística de los anarquistas.”
Es decir, desde este punto de vista el anarquismo implicaría una investigación basada en el método científico y una práctica (deberíamos decir una “técnica”) política derivada de dicha investigación.
Por otro lado, Kropotkin defiende que existe una tendencia en las sociedades humanas hacia una mayor comunalidad de la producción y, también, hacia una mayor libertad individual, aunque estas tendencia no sean continuas (existe “regresiones”). Por supuesto, Kropotkin también asume que hay otras fuerzas/personas que trabajan en contra.
Creo que esta idea es una extensión clara de su trabajo en el campo de la teoría evolutiva, aunque, hasta donde yo he leído en el libro, se abstenga de decirlo claramente. Como supongo que todos sabréis, Kropotkin es famoso por haber escrito El Apoyo Mutuo. Un factor en la evolución en la que intentó demostrar que la cooperación intraespecífica es un factor evolutivo tan importante, si no más, que la competición entre individuos.
Igualmente es imposible desligar esta idea del contexto social y político del siglo XIX, el positivismo, el cientificismo y la búsqueda de tendencias, que también compartieron muchos marxistas y que tan criticados (por determinismo, por ejemplo) por muchos anarquistas.
Creo que, por tanto, la clave de lo que algunos llaman el “anarquismo científico” de Kropotkin es intentar esclarecer, usando el método científico, esa tendencia cooperativa innata de las sociedades humanas con el objetivo de favorecer y acelerar su desarrollo.
Es interesante mencionar aquí que Malatesta, en 1925, trató la pretensión de Kropotkin de “absurda”, “errónea” y “dañina”, aunque, en mi opinión, Malatesta estira mucho la postura de Kropotkin hasta convertirla en un mecanicismo extremo que es más un hombre de paja que otra cosa.
¿Y qué queda de esto ahora? ¿Tiene sentido el proyecto de Kropotkin en el siglo XXI?
En primer lugar, al plantearme esta pregunta leyendo el libro me he dado cuenta que quizás no soy el más adecuado para responderla, ya que, aunque como científico algo de ciencia conozco, seguramente sea una pregunta sería mucho mejor respondida si implicase a filósofos y sociólogos de la ciencia, así como un conjunto multidisciplinar de investigadores. Dicho esto, aquí va mi aportación.


Tendencias
En lo que respecta a las tendencias, soy bastante escéptico a que exista una tendencia social o biológica a nada, más allá, posiblemente, de las leyes de la termodinámica. Por ejemplo, la evolución es en general un proceso sin tendencias inmanentes ni direccionalidad a largo plazo. Las fuerzas evolutivas como la deriva génica no la tienen porque implican la imposición aleatoria en la población de determinados alelos. Y la selección natural, que sí tiene una cierta direccionalidad, es siempre “corta­de­miras” actuando en función de condiciones ambientales con las que los propios sujetos biológicos interactúan muchas veces. La existencia de tendencias biológicas (a la complejidad, a la cooperación, a la competición) es algo muy discutible y suele ser resultado de sesgos. Igualmente intuyo que debe pasar en las sociedades humanas. Aunque, por supuesto, existirán tendencias que tengan lugar durante mucho tiempo, probablemente se deban a condiciones históricas concretas y transitorias, como el capitalismo, más que a tendencias innatas inmanentes al hecho de la socialidad, independientemente de cómo se configure esta concretamente (las relaciones sociales de producción y reproducción de la vida).
Más aún, salvo que tuviésemos una verdadera certeza de una tendencia, algo que considero bastante improbable, probablemente deberíamos actuar operativamente como si dicha tendencia no existiese. Aquí siempre saco una frase de Walter Benjamin. “Nada ha dañado tanto a la clase obrera alemana como pensar que nadaba a favor de la corriente (de la historia)”.

El método científico
Vayamos a otro paso. ¿Es posible utilizar el método científico, o inductivo­deductivo como lo llama Kropotkin en el libro, para la acción política? Mi respuesta es sí, PERO. Me explico.
En mi opinión el método científico es una una derivación refinada y puesta a punto de uno de los diferentes modos innatos de interaccionar y conocer la realidad que tenemos los seres humanos. ¿Por qué hay que refinar y poner a punto? Pues, por ejemplo, por que existe una cosa llamada “apofenia” que es la tendencia innata que tenemos los humanos a observar patrones donde sólo existe ruido aleatorio. Contra cosas como esta es por lo que se desarrolla el método científico.
Es bastante claro que este refinamiento y puesta a punto se debe en gran parte al desarrollo capitalista que, además, ha convertido al método científico en la racionalidad hegemónica, y la “mejor”, frente a otros modos de conocimiento. La Escuela de Frankfurt, mi querido Adorno (#LOL), ha advertido de los riesgos de que la racionalidad científico-­técnica se convierta en dominante. Tengo la intuición de que en este proceso de hegemonización ligado al capitalismo es probable que el método científico adoptase una forma concreta determinada y no otra. Personalmente, creo que la cuestión de si otra forma de sociedad daría lugar a otro método científico es tan interesante como compleja y que escapa a este debate.
Desde este punto de vista, quiero pensar que cuando hacemos política, cuando analizamos la realidad para intervenir en ella intentamos aplicar algo parecido en mayor o menor medida (aunque también usamos otros modos de conocimiento).
Ahora bien, creo que el método científico, a pesar de ser un método muy potente para conocer la realidad o, al menos, ciertos aspectos de ella también está lleno de trampas, tiene muchas limitaciones y mal aplicado puede dar lugar a errores importantes. Y aquí sí que tiro de mi (breve) experiencia como científico. A diferencia de lo que algunos autodenominados “escépticos” afirman, la ciencia, incluso sin tener en cuenta todos sus condicionamientos sociales, es decir considerando una supuesta e inexistente ciencia “pura”, es una actividad complicada. Dicho de otro modo: es muy difícil demostrar las cosas (algo que la estructura social actual en la que tiene lugar la ciencia, por cierto, complica aún más). Por ejemplo, uno de los hot topics actuales en ciencia es lo que llaman la “crisis de reproducibilidad”, es decir, que muchos de los resultados que se obtienen y publican no se replican. Son falsos positivos. Y eso no es porque sean fraudes, sino que tenemos un problema (en parte debido a la estructura social de la ciencia, pero no sólo) con las herramientas estadísticas que utilizamos para conocer según que tipos de datos.
Mi opinión es que aplicar el método científico en/para un programa de transformación social en sentido emancipatorio, probablemente sea interesante o necesario, pero no va a ser para nada trivial tal y como parece deducirse del texto de Kropotkin. Tampoco podemos culparle, porque muchos de estos problemas eran desconocidos en su época.
En primer lugar, y podemos entrar en ello más tarde, está el tema de los expertos y las capacidades humanas innatas (moduladas siempre por el ambiente) (me refiero a quién es mejor en matemáticas, intuición, empatía, etc) y como gestionas eso en un proyecto, como el anarquismo, que se reclama horizontal, que muchas veces asume implícitamente un modelo muy naïf de tabula rasa.
En segundo lugar está el hecho de que el resultado del método científico no siempre es el que tu quieras.
Pongo un ejemplo curioso pero no muy complicado: la toma de decisiones y la organización asamblearia versus “que mande uno”. Yo, que me considero anarquista, creo que la toma de decisiones de forma asamblearia y horizontal es, en promedio, lo mejor. Pero estoy seguro de que existen situaciones en las que seguramente siempre sea deficitaria, por ejemplo, en general suele ser un proceso más lento a que uno sólo tome una decisión. En un conjunto de problemas en que sea mejor tomar una mala decisión rápida que una decisión buena mejor, la asamblea no sería lo mejor. Ahora bien, qué es “mejor”. ¿Qué criterios elegimos cómo mejor o peor? Y es más, ¿es posible determinar de antemano si el problema al que nos enfrentamos es de los que favorece la forma asamblearia u otra? ¿Cómo podemos estudiar esto? etc, etc. Existen muchos casos en los que hacer experimentos aleatorizados (en ciencia, el tipo de estudio que da una evidencia de mayor calidad) es simplemente imposible. Cuando hablamos de aplicar el método científico a un problema hablamos de esto. De definir una cuestión, de cómo vamos a medir esa cuestión, de diseñar un estudio, de recoger datos, de tener en cuenta variables confusoras, etc.

Naturalezas
Esto me lleva a otro problema, y es que aunque haya dicho que no crea que existan tendencias innatas en biología o a las sociedades humanas, esto no quiere decir que no pueda porque exista una determinada “naturaleza humana” (aunque desde luego muy maleable) o, mejor dicho, un conjunto de “naturalezas humanas”. Los seres humanos somos animales, somos seres biológicos resultado de un proceso de evolución biológica de millones de años y, como tales, estamos sometidos a condicionantes biológicos, genéticos, etc. Por supuesto, siempre en interacción, generalmente no trivial con la sociedad y el medio ambiente.
Teniendo esto en cuenta puedo poner un ejemplo más jodido de relación entre ciencia y anarquismo ¿Se debe estudiar la variación poblacional, sexual, etc de aptitudes como la altura? Los hombres son más altos que la mujeres. Es un hecho estadístico. ¿y si hablo de una determinada aptitud mental como la inteligencia o la velocidad mental? Por supuesto, la importancia de esas aptitudes viene determinada por un contexto social. A mi me gusta mucho una frase de Silvia Federici que dice:
Tal como yo lo veo, las diferencias no son el problema, el problema es la jerarquía. La jerarquía hace que las diferencias se vuelvan una fuente de discriminación, de devaluación y de subordinación.
No hay problema en mirar diferencias de altura porque nadie piensa que los altos deben gobernar a los bajos, o viceversa, pero cuando miramos inteligencia (o determinadas características asociadas a ella), la cosa cambia porque socialmente sí que hay un “sentido común” que dice quién debe gobernar (recordad eso de “el gobierno de los mejor preparados”). Pero científicamente, a parte de los problemas metodológicos de cómo medir la altura (relativamente trivial) frente a cómo medir la inteligencia, o diagnosticar esquizofrenia y depresión, para nada triviales y mucho más socialmente mediados, digamos que la estadística es la misma.


Interpretaciones
A todo esto hay que sumarle, además, que los hechos científicos no tienen lugar en el limbo, sino que su interpretación es social. Un ejemplo clásico es la base biológica (genética u hormonal) de la homosexualidad. Supongamos que existe un un conjunto de variantes biológicas que aumentan la probabilidad de ser homosexual. Supongamos que podemos determinar su existencia e incluso cuales son. ¿Qué implicaciones tiene esto? Mucha gente está en contra de investigarlo porque teme que esto puede llevar a que se considere una enfermedad o incluso a prácticas eugenésicas. Pero otra gente está a favor porque considera que esa existencia lo naturaliza (como cuando se dice “homosexualidad hay en todas especies, homofobia sólo en una” algo que, por cierto, no sé si es cierto, ni me importa) y de alguna forma lo justifica, lo hace “natural”. Pero aquí no hablamos de ciencia, de estadística o de biología, hablamos de qué consideramos una enfermedad o qué valor intrínseco le damos a “lo natural”. Hasta donde yo sé, al menos en Estados Unidos, la comunidad gay ha pasado de estar más a favor de la primera posición a ser más preponderante la segunda.

Una idea
Mi opinión es que prácticamente todas las cualidades humanas individuales y colectivas, lo bueno y lo malo, tienen condicionantes sociales y biológicos que interaccionan de forma no trivial. Eso incluye comportamientos o aptitudes que, como anarquistas, consideramos “buenos” o “deseables” en una sociedad emancipada: la cooperación, la empatía, compartir, la amabilidad, rebelarse contra las injusticias… pero también incluye a todos los que consideramos “malos” o “indeseables”: la violencia, el machismo, ser un cabrón, no compartir, la indolencia, etc.
Tiendo a pensar que lo que denominamos anarquía o comunismo es una proyección utópica en la que determinadas tendencias y comportamientos sociales actuales, que se presentan de forma “impura”, parcial, incompleta o sólo en determinados contextos, son hegemónicos en la gran mayoría de los ámbitos de la vida. Esto es, por ejemplo, el significado de la divisa “fraternidad” como lema revolucionario. Que todos los seres humanos se comporten como hermanos, es decir, que ciertos comportamientos que actualmente son mayoritarios en una determinada situación de parentesco (y que, no son continuos, sino parciales. Todos conocemos casos de hermanos que no se pueden ni ver o cómo se pican los hermanos entre sí cuando son pequeños) se extienda a toda la humanidad.
Para mí, de ninguna manera, y esto lo subrayo mucho, esto implica una tendencia natural hacia la anarquía, ya que lo mismo podría aplicarse al fascismo, el capitalismo e incluso a la situación de dominación más infernal que podría imaginar (no sé, algo como Saló, Los 120 días de Sodoma de Pasolini o La Carretera de Cormac McCarthy), situaciones en las que determinados comportamientos humanos son hegemónicos.
Existen disciplinas científicas como la teoría de juegos, la teoría de juegos evolutiva, la economía conductual, la psicología, etc. que estudian los determinantes sociales (y/o biológicos) de determinados comportamientos, y que por tanto podrían sernos de nuestro interés una vez eliminada toda la ideología que tienen imbricada, si es que eso es posible. Tanto los métodos y modelos como algunos de los conocimientos que obtienen. Por ej: el caso de los bienes comunes, en el que se sabe que los grupos pequeños o la escasez del bien tiende a favorecer la cooperación.
¿Debe el anarquismo aprovecharse de dichos conocimientos, o incluso desarrollar algunos nuevos, y usarlos en su beneficio? Pues podría ser, PERO. Es decir, sí, siempre y cuando nos los apropiemos y nos lo planteemos de una forma crítica y rigurosa, y teniendo en cuenta todos los problemas y limitaciones que tiene el método científico en sí como en su interacción con el medio social: sea este el capitalismo o el movimiento libertario. Si lo que buscamos es darle un sello de científico a lo que en realidad son ideas preconcebidas o juicios éticos sobre cómo debe ser el mundo lo que estaremos haciendo es marketing cientificista barato como el que hacen las marcas de cosméticos.
 
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